Data
Esto no es una conclusión.
Muchos años de mi vida adulta me pregunté la razón de mi elección. No elegí mal, lo sabía. Pero tenía mis dudas sobre lo que significaba en mí la decisición escueta de estudiar lo que estudio. Hoy lo ví. Apareció durante la clase. Durante el ejercicio del camino, mientras miraba(o escribía, o escuchaba. No recuerdo) Pero lo ví, fue claro.
La literatura es lo único mío.
La literatura es eso que me mantuvo despierta, eso que hizo que me emocionara. Mi primera sensación de no poder dejar de hacer algo. La parte más sana de eso. Es decir, hay un espacio en el que se premia que uno esté horas y horas leyendo.
Estudiando lo que estudio puedo estudiarme a mí. Puede ser sobre mí.
Después de años, después de múltiples momentos en los que no fui yo. En los que cedí. Momentos en los que no me importó.
No es que ahora me importe. Sigo teniendo esa sensación de que nada importa realmente. Pero puedo hacer que importe. Yo misma puedo ponerme en primer lugar. Si nada importe, ¿Por qué no buscar esa satisfacción de hacer, de ser, de conocer? ¿Por qué no vivir, no aprovechar la existencia para llegar a esos lugares que parecían de adulto cuando yo era chica? El escritorio, la figura del estudiante, del eterno lector. La imágen del académico. La satisfacción de lo institucional, de el aval de ese padre simbólico que es la universidad. Letras es en lo primero que soy. Y recuerdo el primer esfuerzo: aprender a leer. Lo recuerdo. Y lo convierto en un momento tan simbólico... yo misma, grabando a fuego ese primer esfuerzo. Ese primer canal de ser.
Ser. Artificio, Realidad. Ser.
Grax.
Muchos años de mi vida adulta me pregunté la razón de mi elección. No elegí mal, lo sabía. Pero tenía mis dudas sobre lo que significaba en mí la decisición escueta de estudiar lo que estudio. Hoy lo ví. Apareció durante la clase. Durante el ejercicio del camino, mientras miraba(o escribía, o escuchaba. No recuerdo) Pero lo ví, fue claro.
La literatura es lo único mío.
La literatura es eso que me mantuvo despierta, eso que hizo que me emocionara. Mi primera sensación de no poder dejar de hacer algo. La parte más sana de eso. Es decir, hay un espacio en el que se premia que uno esté horas y horas leyendo.
Estudiando lo que estudio puedo estudiarme a mí. Puede ser sobre mí.
Después de años, después de múltiples momentos en los que no fui yo. En los que cedí. Momentos en los que no me importó.
No es que ahora me importe. Sigo teniendo esa sensación de que nada importa realmente. Pero puedo hacer que importe. Yo misma puedo ponerme en primer lugar. Si nada importe, ¿Por qué no buscar esa satisfacción de hacer, de ser, de conocer? ¿Por qué no vivir, no aprovechar la existencia para llegar a esos lugares que parecían de adulto cuando yo era chica? El escritorio, la figura del estudiante, del eterno lector. La imágen del académico. La satisfacción de lo institucional, de el aval de ese padre simbólico que es la universidad. Letras es en lo primero que soy. Y recuerdo el primer esfuerzo: aprender a leer. Lo recuerdo. Y lo convierto en un momento tan simbólico... yo misma, grabando a fuego ese primer esfuerzo. Ese primer canal de ser.
Ser. Artificio, Realidad. Ser.
Grax.
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